Hace tres semanas nadie apostaba por Italia. Pocos le veían más lejos de los cuartos de final.
España llegaba como favorita, aunque con reparos. La acumulación de partidos en los clubes de muchos de sus jugadores, la presunta falta de hambre de títulos después de haberlo ganado todo, eran algunas de las razones que nos hacían dudar.
Hoy, en cambio, Italia nos da miedo, o por lo menos respeto. El respeto de una selección que a su habitual capacidad para competir ha añadido un estilo de juego que ya no genera tanta antipatía como antes.
España, por su parte, si en algo ha demostrado haber evolucionado en estos dos últimos años es precisamente es su capacidad para competir. Ya no hace falta jugar bien, aunque tenga recursos para ello y en pequeñas dosis lo haya hecho, sino que le ha bastado con la experiencia y con saberse respetada por los demás para imponer su modelo de juego, sin pegada, pero su modelo. Antes los rivales sólo nos respetaban en los medios de comunicación. Nos decían que éramos muy buenos, que podíamos ganar cualquier torneo, pero al campo salían sin miedo, convencidos de que el vértigo nos entraría a nosotros tarde o temprano, por el peso histórico de las decepciones que torneo tras torneo nos llevábamos.
Ahora no, ahora a España se le tiene respeto en el campo, como siempre se le tenía a Alemania o a la propia Italia. Y ahí ya hay mucho ganado. Los jugadores lo saben y psicológicamente esa sensación te hace crecer, confiar mucho más en tu capacidad, aunque el estado físico no sea el mejor.
Creo que mañana, en la final, esto será importante. Italia será valiente desde el principio, como lo fue ante Alemania, pero España no lo será menos. La grandeza de uno se impondrá al otro cuando avanzado el partido a alguno le entren dudas, y pienso que en un partido igualado las primeras dudas les entrarán a los italianos. Espero no equivocarme.
Recurriendo a los tópicos, las finales se juegan para ganarlas; por eso, lo de menos ahora es el cómo. He sido crítico con el juego que ha hecho España en esta Eurocopa, con las decisiones de Del Bosque y con el nivel físico de algunos de los jugadores. Pero eso a estas alturas ya no importa. Además, estoy convencido que no serán los detalles tácticos los que marquen el partido, sino que tendrá más peso la frescura mental y la experiencia. Es el momento de los jugadores, es el momento de “saber estar”.
El momento de saber estar,




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