La crisis económica se ha llevado por delante algo más que el sueño español. Desde la caída de Leman hasta la fecha la crisis del capitalismo ha barrido dinero, gobiernos y tapaderas. En España, a fuerza de ser peculiares, la crisis barrió como un tsunami una geografía que ya había preparado su desastre nacional en forma de burbuja inmobiliaria. El PP de Aznar allanó el camino de la ola que ahora nos muestra un paisaje de desolación que asusta.
Muchos españoles que hace unos años adquirieron una casa a base de una gran hipoteca a largísimo plazo, se están dando cuenta de que valoradas sus casas a los precios actuales, han entregado a las fauces del sistema gran parte de sus futuros ahorros. Los créditos hipotecarios que firmaron, animados por sus bancos, ahora son mayores, mucho mayores que el valor de sus inmuebles. La extracción de capital desde las clases populares a las dirigentes hoy en día se articula en base a contratos hipotecarios a largo plazo. A estas alturas muchos trabajadores saben que deberán trabajar los próximos 25 o 30 años para pagar algo que ya no vale. O eso o el desahucio y en el peculiar caso español además la persecución por las deudas a desahuciados y valedores.
Los derechos sociales adquiridos desde la transición hasta la fecha o bien han desaparecido o son irreconocibles gracias al profundo cambio realizado bajo el paraguas de la crisis. Toda la merma de derechos se ampara en la necesidad de mejorar la competitividad y aumentar el empleo, pero ninguno de ellos ha conseguido lo prometido y no era posible que así lo hicieran, dado que lo que realmente querían era disminuir la remuneración de la mano de obra, desregular el mercado y reducir el volumen de estructuras sociales del estado. Esto último con el doble propósito de reducir los impuestos a la élites y aprovecharse de las necesidades de servicios sanitarios y educativos para privatizarlos en beneficio de las mismas élites que controlan a los gobiernos. Ni una sola de las rebajas sociales se encamina al supuesto fin con el que se anuncian. Reducir derechos, aumentar el miedo, mejorar el control, este es el paradigma actual. El gobierno solo cumple la misión de salvaguardar los intereses de la minoría. Una minoría deslocalizada, desregulada, sensu stricto fuera de la ley.
Por último y no por ello menos grave, la crisis en Europa se ha llevado por delante la fachada democrática y en España el cacareado consenso de la transición. Derrocados gobiernos por la vía económica con trampantojo democrático (Irlanda, Portugal, Gran Bretaña, España) o por las bravas (Italia y Grecia), que los europeos crean vivir en un sistema democrático es un #tocomocho institucional. Nosotros hemos añadido picante al asunto y el trueno de la crisis ha dejado en pelotas a las instituciones del Estado. El Rey y su familia retratados como ladrones, ociosos y despreocupados. El Poder judicial trincando de la caja para las meriendas y fines de semana, ajusticiando a quien se atreve a disentir de la mayoría o legislando en contra de los deseos populares. Los políticos encargados de la gestión de Administraciones públicas y semipúblicas como grandes despilfarradores con el riñón cubierto a costa de todos; sin contar con la capacidad de mentir y encubrir delitos, promesas electorales y cuentas públicas.
En España ya no dimite nadie porque dimitir está muy mal visto. En España ni un solo político está en la cárcel por sus desmanes económicos o de gestión y la ciudadanía tiene un desapego institucional de proporciones ciclópeas. Hoy en día el común de los ciudadanos considera a los políticos corruptos o ineptos y en algunos casos las dos cosas. El “bipartidismo imperfecto” ha saltado por los aires por mucho que siga apoyado en una legislación electoral que lo sostiene ante la evidencia de su inequidad y de su servicio a los ricos de toda la vida. El “café para todos” como arreglo para atemperar los deseos nacionalistas de Euskadi y Cataluña ha demostrado la barbaridad política que suponía. El Tribunal Constitucional se ha declarado enemigo de las mayorías sociales y garante de las esencias de quién sabe qué padre constitucional y sus deseos íntimos.
Al gobierno actual le quedan pocos días. La prima de riesgo subiendo desbocada y las bolsas cayendo en picado. En todo caso no está en su mano hacer nada, obstinados en recetas inservibles, afeado en su carrera por desdecirse de todos y cada uno de sus pilares ideológico-económicos, subiendo impuestos y nacionalizando bancos, ejerce de títere de quienes mandan hoy en día, que ni están en el gobierno ni necesitan mancharse con leyes y decretos. Para que el gobierno de Rajoy sobreviva, tiene que venir un rescate europeo que en Alemania ya han decidido que hay que pedir públicamente para humillación de todos y demostración de nuestra incapacidad. El gobierno se piensa marcarse un órdago a la grande con pareja de seises y amenazar con salirnos del euro y los mentideros hablan de un gobierno de concentración que después de los últimos 20 años de puñaladas entre ambos partidos va a ser la liturgia de Jano. La derecha es mucho más descarnada que la izquierda devorando a sus hijos, o si no, recordar el brutal despedazamiento de Suárez cuando empezó a oler a muerto político. A corto plazo nada va a ir bien o sí, dependiendo de como se mire, porque la ventolera que ha creado esta crisis puede que destape muchos ojos vendados. Mientras tanto, sufrir.
A corto plazo,



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Y SI LE QUEDAN POCOS, DIAS POR QUE NO SE VAN YA?.
POR QUE NO ESCRIBES ALGO SOBRE UN IMAGINARIO GOBIERNO DE CONCERTACION?HA BRA QUE DAR IDEAS Y LAS TUYAS SON BUENAS.